El intenso interés del presidente Donald Trump por los minerales de Ucrania parece que surgió de la nada.
Este mes envió a su secretario del Tesoro a Kiev para negociar con el dirigente ucraniano, y luego empezó a aumentar la presión públicamente, lo que a sus críticos les pareció un plan de extorsión como el de un capo de la mafia.
“Quiero asegurar las tierras raras”, dijo.
Pero los minerales críticos han estado en la mente de Trump al menos desde 2017, cuando firmó una orden ejecutiva sobre ellos durante su primer mandato. También llamaron la atención del presidente Joe Biden.
Y los recientes comentarios de Trump sobre los bienes de Ucrania no han sido la primera vez que en su nuevo mandato ha mencionado su interés por tomar las reservas minerales de un país.
El presidente ha hablado de adquirir minerales en Groenlandia y Canadá. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, dijo a un grupo de líderes empresariales que el hecho de que Trump se enfocara en los minerales de Canadá significaba que sus amenazas de anexionarse el país eran “algo real”.
Apoderarse de las riquezas minerales en el extranjero se ha convertido en un objetivo central de la política exterior de Trump y en el impulso de sus comentarios más imperialistas desde que asumió el cargo. Sus instintos evocan los impulsos de los imperios caídos, cuando la extracción de recursos motivaba a los gobernantes a expandir sus territorios.
El martes, tras casi dos semanas de difíciles conversaciones, funcionarios ucranianos y estadounidenses dijeron que habían llegado a un acuerdo sobre un marco para compartir los ingresos procedentes de los minerales críticos de Ucrania.
Los minerales críticos son sustancias no combustibles esenciales para las tecnologías energéticas y con alto riesgo de interrupción de la cadena de suministro, según el Departamento de Energía de Estados Unidos. Se encuentran en todo el mundo —incluidos Chile y Argentina, la meseta tibetana controlada por China y la República Democrática del Congo— y forman parte integral de tecnologías comunes (baterías de coches eléctricos) y especializadas (sistemas de misiles). En 2022, el Servicio Geológico de Estados Unidos publicó una lista de 50 minerales críticos que abarca desde el aluminio hasta el circonio.
Debido a la competencia con China, la búsqueda de minerales críticos ha sido importante para Estados Unidos durante casi una década.
Biden, en el último viaje al extranjero de su presidencia, visitó un ferrocarril respaldado por Estados Unidos en Angola que ayudaría a transportar minerales críticos desde África central hasta la costa para su exportación.
Anteriormente, funcionarios del Departamento de Estado de su gobierno crearon un grupo de naciones aliadas para hablar sobre la creación o el refuerzo de cadenas de suministro de minerales críticos fuera de China. Y crearon un foro hermano para que los países ricos en minerales pudieran hablar con posibles naciones clientes y empresas extranjeras sobre el desarrollo de minas y plantas de procesamiento.
Ucrania, Groenlandia y Canadá formaron parte de eso. De hecho, Ucrania y Estados Unidos estuvieron a punto de firmar un acuerdo el pasado otoño, en virtud del cual Ucrania se habría comprometido a avisar a Estados Unidos sobre posibles proyectos, permitiendo a las empresas estadounidenses o de naciones aliadas disponer de tiempo suficiente para licitar por los contratos. El Departamento de Estado también habría prestado a Ucrania asistencia técnica en materia de cartografía y redacción de normativas.
Esa no ha sido la forma de aproximarse de Trump.
“Trump y sus colaboradores están hablando de un modo que es innecesario”, dijo Jose W. Fernandez, quien fue uno de los artífices de las iniciativas del Departamento de Estado sobre minerales críticos en el gobierno de Biden. “Son países que quieren inversión. Pero quieren asociaciones. No buscan una relación colonial”.
Añadió que estos países se sentían atraídos por los socios financieros y comerciales estadounidenses porque no les gustaban las opciones más coercitivas, incluidas las propuestas de China.
El pasado septiembre, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, empezó a presentar a los gobiernos aliados, así como a Trump, quien contendía a la presidencia, un “plan de victoria” contra Rusia que, entre otras cosas, ofrecía asociaciones sobre minerales críticos.
Fernandez tenía previsto firmar un memorando de entendimiento el pasado mes de octubre con una vice primera ministra de Ucrania, Yulia Svyrydenko, según dijo el Departamento de Estado en un correo electrónico enviado entonces a los periodistas. Pero el 29 de octubre, día previsto para la firma, ella no se presentó en Washington.
Después, Svyrydenko debía firmar el acuerdo en una conferencia sobre la reconstrucción de Ucrania, celebrada en Varsovia el 13 de noviembre, pero tampoco se presentó.
Para ese entonces, Trump ya había ganado las elecciones, y los funcionarios ucranianos dijeron a los diplomáticos estadounidenses que preferían esperar para firmar un acuerdo con el gobierno entrante, según dos exfuncionarios estadounidenses y un funcionario ucraniano con conocimiento de los hechos.
Los funcionarios ucranianos ya habían estado hablando con algunos empresarios extranjeros, entre ellos Ronald S. Lauder, heredero de una empresa de cosméticos y amigo de Trump, sobre las oportunidades de inversión en el sector mineral de Ucrania.
A principios de mes, Zelenski se mostró reacio ante las condiciones que Scott Bessent, secretario del Tesoro, le presentó en Kiev. La propuesta exigía que Ucrania diera a Estados Unidos la mitad de sus ingresos procedentes de recursos naturales, incluidos los minerales, el gas y el petróleo, así como las ganancias de los puertos y otras infraestructuras.
Trump también exigió inicialmente 500.000 millones de dólares para Estados Unidos. Dijo que su país merecía un pago por los miles de millones en ayuda armamentística y presupuestaria que dio a Ucrania durante el gobierno de Biden, aunque la cantidad fuera una fracción ínfima del gasto federal anual estadounidense. Los críticos calificaron las condiciones de Trump de rapaces, colonialistas y mercantilistas.
Los funcionarios estadounidenses moderaron algunas de las exigencias, aunque siguieron presionando a Svyrydenko y a otros negociadores ucranianos para que firmaran un acuerdo. El actual borrador del marco del acuerdo contiene una vaga referencia a las garantías de seguridad para Ucrania, que Zelenski ha dicho que son esenciales para impedir que Rusia intente lanzar otra invasión tras cualquier futuro alto al fuego que ponga fin a la guerra. Trump dijo el miércoles que no piensa dar “mucha” garantía.
“Muchos países consideran que sus recursos naturales son fundamentales para la soberanía nacional y el potencial de desarrollo económico”, dijo Abigail Hunter, directora ejecutiva del Centro para la Estrategia de Minerales Críticos de SAFE, un grupo de investigación sobre seguridad energética. “Esto hace que las negociaciones sobre minerales críticos sean muy delicadas, con gobiernos recelosos del control o la explotación extranjeros”.
Durante años, China se ha esforzado para desarrollar su dominio mundial en la extracción y el procesamiento de minerales críticos. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha tenido que importar cantidades sustanciales de minerales críticos para uso comercial y militar.
Un informe publicado este mes por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales señalaba que Estados Unidos importa, de 41 de los 50 minerales críticos enumerados por el Servicio Geológico estadounidense, entre el 50 y el 100 por ciento de cada uno. China es el principal productor de 29 de esos minerales.
Y “China ha demostrado en repetidas oportunidades su voluntad de convertir en armas estos minerales”, decía el informe, incluida la imposición de controles y prohibiciones de exportación en los dos últimos años sobre una serie de minerales en bruto. Además, dijo, China refina ahora entre el 40 y el 90 por ciento del suministro mundial de elementos de tierras raras, grafito, litio, cobalto y cobre.
La orden ejecutiva que Trump firmó en 2017 pretendía “garantizar un suministro seguro y fiable” de minerales críticos. El texto ordenaba al secretario del Interior que publicara una lista de ellos, lo que llevó al Servicio Geológico de Estados Unidos a publicar una evaluación en 2018 y otra cuatro años después.
Algunos líderes extranjeros intentaron trabajar este ángulo. Ashraf Ghani, quien en ese entonces era el presidente de Afganistán, promocionó la riqueza mineral de su país ante Trump para que mantuviera a los soldados estadounidenses en la nación, mientras el gobierno luchaba contra una insurgencia talibán. El intento de Ghani fracasó.
Pero los minerales siguieron en la mente de Trump.
En septiembre de 2020, firmó una orden ejecutiva que instaba a las agencias a abordar la “dependencia indebida” del país de “adversarios extranjeros” para obtener minerales críticos, concretamente se refería a China.
Las interrupciones de las cadenas de suministro mundiales durante la pandemia de coronavirus aumentaron la ansiedad dentro del gobierno estadounidense. Biden emitió una orden ejecutiva a principios de 2021 que, entre otras cosas, pedía al secretario de Defensa que identificara los riesgos para el flujo de minerales críticos procedentes del extranjero.
Al año siguiente, Fernandez, que en ese momento era el máximo responsable económico del Departamento de Estado, supervisó la creación por parte de la agencia de la Asociación para la Seguridad de los Minerales, un grupo de 15 países que pretenden ampliar las cadenas mundiales de suministro de minerales críticos. La Casa Blanca de Trump y el gobierno de India mencionaron ese grupo en una declaración conjunta cuando Trump se reunió este mes con Narendra Modi, primer ministro indio, afirmando que sus naciones, ambas miembros del grupo, podrían colaborar en materia de minerales críticos.
El año pasado, el Departamento de Estado creó un foro hermano con 15 naciones productoras, entre ellas Ucrania y Groenlandia, en busca de inversores que les ayuden a hacer crecer sus industrias.
“Lo fundamental es que Ucrania lleva mucho tiempo buscando inversiones”, dijo Fernandez.
Groenlandia también.
El foro celebró una reunión en noviembre en Nuuk, Groenlandia, donde empresas presentaron siete proyectos en el país a unos 100 inversores potenciales que llamaron por video.
En su primer mandato, Trump se obsesionó con la idea de comprar Groenlandia tras la insistencia de Lauder, el heredero de la empresa de cosméticos.
Otro aliado empresarial de Trump, Howard Lutnick, secretario de Comercio del presidente, tiene vínculos con un proyecto minero en Groenlandia, a través de una inversión realizada por su empresa, Cantor Fitzgerald, en una compañía con sede en Nueva York llamada Critical Metals Corp. según los informes financieros revisados por The New York Times.
Algunos de los principales colaboradores de Trump estaban estudiando el dilema estratégico que supone China y los minerales críticos incluso antes del inicio de este gobierno.
El pasado julio, Marco Rubio, quien en ese entonces era senador por Florida, copatrocinó un proyecto de ley para abordar la cuestión. Tras convertirse en secretario de Estado el mes pasado, escribió en un cablegrama que el “dominio energético” sería una prioridad. Es poco probable que Rubio y otros funcionarios de Trump hablen de utilizar los minerales para ayudar a abordar la crisis climática o acelerar una transición hacia la energía limpia, como habían hecho los colaboradores de Biden.
En una visita a República Dominicana este mes, Rubio habló del potencial de los minerales de tierras raras del país para ser utilizados en sistemas de armamento y otras tecnologías avanzadas.
“Tener un aliado con acceso a estos elementos en el hemisferio es muy bueno”, dijo. “Queremos ayudar a desarrollar esta riqueza de República Dominicana”.
Constant Méheut colaboró con reportería desde Kiev, Ucrania, y Michael Crowley desde Washington.
Edward Wong cubre asuntos globales, la política exterior estadounidense y el Departamento de Estado. Más de Edward Wong